martes, 5 de enero de 2010

Crónicas del metro…

Dolor, Museo de Arte Contemporáneo Bogotá, 2008

El destino es una piedra de memorias,
en ella se leen huellas de pasos, cicatrices y sueños…

Pa la ItzelA

Hace poco, al finalizar la presentación de un poetryperformance, regresaba a casa después de una extraña velada en la terraza de un bar; llevaba humo en los pulmones y alcohol en las venas, nada fuera de lo habitual en una noche de fin de semana.
A esas horas, cerca de la medianoche, los andenes subterráneos del metro son pasillos con identidad de ciudad abandonada y los vagones del tren se trasladan semivacíos, nadie mira a los ojos, unos dormitan recargados en las paredes y otros se sumergen en la voz silente e individual de los iPod metidos en lo más profundo de los oídos.
Hacía frío. Mientras esperaba la llegada del último tren, de las sombras de un falso plafón adosado a la pared, surgió un hombre de mediana edad y extraña apariencia, no llevaba camisa y tenía el iris de los ojos de un extraordinario color rojizo.
Se acercó tan ligeramente que parecía flotar sobre sus pasos, me miró directamente a los ojos y sin abrir la boca, me dijo: ¡Te conozco! Sonreí, aunque su rostro no me hacía sentido con alguien que alguna vez hubiera yo conocido, sin embargo había algo en su presencia que me resultaba familiar. Pensé en sacar unas monedas, no sé, quizá quitarme el suéter y entregárselo, mirarlo me causaba el frío que el alcohol y la bufanda alrededor de mi cuello no permitían que sintiera. Mientras buscaba en el bolsillo del pantalón algo de plata suelta para entregarle, me tocó suavemente un punto del brazo izquierdo y sentí profundas ganas de llorar, los ojos se me arrasaron de cristales.
Instantes después (no sé cuanto), volvimos a mirarnos y otra vez, sin abrir la boca, en un parpadeo de ojos me contó lo siguiente:

Alguna vez fui ángel… Es difícil explicar la condición de ángel, la mayoría de las personas tiende a asociarlo con dios, particularmente con ese dios castigador y malévolo nacido en las fronteras de Babilonia, sin embargo, nada que ver, no se trata de resguardar personas, ni de salvarlas del infierno si es que este existiera, ni de aconsejarles cual es el bien o portearlas al final de sus vidas como Caronte sobre el río.
Por otro lado, cuando llegas acá, hay una exigencia de las personas de saber de donde vienes, quienes son tus padres, como te apellidas, porque tu acento suena diferente, así, necesariamente te obligas a obtener un registro civil y por lo menos una madre; la condición híbrida del hermafroditismo esta muy lejos de ser siquiera considerada como una posibilidad de “reproducción” y por lo tanto de nacimiento, imagina la cara de sorpresa de cualquiera al escuchar la siguiente respuesta:
Y nada ¡nací de mi mismo! Fffffffffiiiiuuuuuu
Peor que “hijo natural” o hijo de la bastardía, bastardo.
Ughhhhh también las palabras matan.
Así, una vez llegado acá, me dedique a mirar. Al principio fue muy cerca del
Bahr Lut, no había aún aprendido a usar las cuerdas vocales, de mi garganta solo salían sonidos roncos y guturales incomprensibles para los que en ese tiempo me rodeaban, por otro lado, no conocía el significado de las palabras, no entendía el andar en círculo de los pasos sobre los pasos, no comprendía lo absurdo de las murallas en las ciudades ni la razón de los puestos de guardias en las fronteras y por supuesto, a todos los lugares donde llegaba era visto como un extraño forastero.
Conforme me adaptaba a mi nueva circunstancia y me mezclaba con las gentes de los pueblos, me asombraba lo pernicioso de las mentiras en sus charlas cotidianas, lo jodidamente ventajoso de las traiciones en sus relaciones con los otros más confiados o más ingenuos, lo engañoso de sus promesas y así,
poco a poco aprendí a sobrevivir…
lejos de ellos.
Me fui haciendo de una piel de cristal de roca, en realidad, uno no sabe bien a bien la composición química de los humanos, quien se va a imaginar que el resultado de una mezcla mayoritaria de cloruros de bromo, sodio, magnesio y potasio experimentada en la transformación a humano, pueda traducirse alguna vez en mares salados atrapados en el fondo de los ojos.
Aprendí recordando lo que antes era, a mirar los sueños de otros a través de mis ojos de cuervo.
Con quienes estuvieron muy cerca de mí, aprendí a guardar silencio cuando su voz por alguna justa o injusta razón se elevaba irritada, a permitir sus motivos, a no preguntarles de donde venían, ni cual era su historia, a dejarlos volar y desaparecer cuando fue tiempo de volar y desaparecer, a cuidarles el recuerdo, a guardarles la memoria, a no dejarlos morir en la soledad de un nombre desgastado por los azotes del tiempo.
Fui de ciudad en ciudad y de país en país hasta llegar aquí.
Aprendí a no tener raíces, a no lanzar mensajes en botellas vacías después del naufragio, a tomar camino cada cierto tiempo para volver a nacer porque pasados los años, todos envejecen y mueren a tu alrededor y es muy peligroso ser un hombre milenario.
Todo iba bien, incluso cuando todo iba mal.
Después de todo este tiempo, un día inesperado, un dia como cualquiera en que tienes las palmas de las manos abiertas, con afilado cuchillo clavado a mansalva justo entre la cuarta y la quinta del costillar izquierdo, me enseñaron la peor manera del dolor.
¡Por supuesto no morí!...
Pero aprendí a golpes de sal, que no son las ausencias las que matan sino los actos.
¡Ya no quiero ser humano!
Fue lo último que dijo.

Cuando abrí los ojos, en la absurda conciencia de que no podía abrirlos porque ya los tenía abiertos y estaba mirando a alguien, experimenté algo así como un choque de conciencia. Sentí un vértigo en la planta de los pies, aún así intenté responderle algo, s
in embargo para mi sorpresa, frente a mí solo había un charco de cristales.
En ese momento llegó el último tren de la jornada y abrió sus puertas, lo abordé con la extrañeza de pasos tambaleantes, como si el último trago de alcohol me hubiera hecho efecto a destiempo.
Una pregunta se quedó rondando mis sueños en lo que restaba de esa noche.
¿Existen los ángeles?

lunes, 7 de diciembre de 2009

Amar a Magdalena

מאפין אהבה Lucas Matus, Miraflores 2009


Buscar a dios en el vientre telúrico de una mujer
y no en las barbas ancianas de un presunto poder omnisciente…


Su apariencia cotidiana en las calles era como la de otros tantos millones de personas más circulando en contrasentido de los señalamientos de tránsito en los semáforos.
Manifestaba con su cara y sus gestos de trajín

(como todos),

la misma prisa, la misma urgencia de llegar a su destino

(lejano y bestial),

el mismo resentimiento sin causa aparente contra causas aparentes

y comprobables solo por la dialéctica del sinsentido común y la descalificación del probable y presunto enemigo.


Bajo sus afeites de persona usual y corriente,

nadie podía imaginar lo que en realidad se escondía dentro sus botas rojas de casquetes polares

y su gabardina violeta con añoranza de vuelos espaciales.

Secretamente amaba a los hombres de uniforme

(confesaron en su biografía inconclusa algunos de sus amantes vestidos de verde camuflaje pero evidentes enemigos de policías y milicos).

Aunque también

(dicen los que le conocieron),

lloraba profusamente cuando alguien no ponía atención a sus afanes.

Sus críticos y detractores afirmaban que ambos actos

(amar y llorar),

eran reminiscencias pueblerinas,

pero bah, a quien le importaba eso,

cuando Magdalena salía de noche desnuda de fervores y dispuesta a entregarse al mejor postor.

Por las noches no le hacían falta esquinas ni calles con nombres extranjeros o rimbombantes,

bastaba un trío de tragos

(de preferencia alcohol maltés),

alguna provocación indecente y por supuesto billeyos verdes de por medio

(en tiempos de crisis y pesos flotantes, siempre son más seguros, los billetes que en dios confían como moneda de cambio),

para corromper su voz y sus vocales

y convertirse en la suripanta que cada noche golfamente emputecía de amor, alabando con su vientre la más brutal y honesta poesía carnal que ningún poeta maldito pudiera concebir si no era entre sus piernas.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Butõh eîgn

¿?Museo de arte de Bogotá, nomeacuerdo 2009

Eugene




Caminos de araña buscando pasos ocultos,
pájaros de piedra que deben echarse a volar.

An-danzas de pies descalzos,
desnudos de miedo,
de incienso que grita silencio,
de manos que buscan siete pasajes
a las galerías más profundas del corazón,
a las caras cuerpo que solo en silencio tienen nombre,
andando despacio todos los caminos bajo la piel,
con la geografía de palmas abiertas sobre las manos otras,
las que se envuelven en tinieblas navegando,
removiendo cada grano de polen sobre los ojos,
descarando las sensaciones detenidas a punta de estigmas,
de calles con gente sin habla,
de pasos con prisa,
envueltas todas ellas en un ladrido de perro
que pesa a losa de cementerio,

y uno desde acá, desde adentro,
tenaz,

sintiendo…

viernes, 27 de noviembre de 2009

Habría que soñar


Mujer a la orilla de la mar (agua y concreto efímeros) Dntzl. CU, Mx 2009

Demasiado ruido no apaga el silencio
demasiado silencio tiene miedo...


Quien sabe…
deberíamos de mirarnos en los otros,
los otros que no son si yo no los miro.

Esta urgencia irnos nos está dejando ciegos,
este correr tras espejismos que duermen en vagones del metro,
en el bus que lleva a casa,
la casa que apenas conocemos,
el poco tiempo que nos queda,
las mínimas palabras que nos faltan,
los muchos decires y los pocos quehaceres.

Nos volamos los ojos para no verlos (a los otros),
y una vez ciegos, nos ponemos unas gafas,
mortificamos la cara,
nos hacemos delgados para no tocarlos,
olvidamos sus nombres,
derretimos cera sobre sus pasos,
marcamos a hierro y fuego la distancia,
los otros que se van,
los ninguno que se queda.

Quien sabe...
Tal vez habría que soñar como si los sueños
no fueran párpados arcaicos
navegando inciertos en un baúl de llaves extraviadas,
como si no nos habitaran imposibles mariposas de ojos ciegos,
amargos calendarios al final de una despedida.

Habría que soñar como si los sueños
no fueran callejones sin vuelta de hoja
o inmóviles piedras anhelando ser un campanario.

Habría que soñar
como si los sueños fueran pájaros de espuma,
caracolas amarillas,
cuerdas de una pianola inventando una canción
en la punta de los dedos,
voces de ocarina nocturna en busca de pasos,
palpitar de aliento húmedo soñando
tenderse a la orilla de una mar en calma
o callejuelas de luna sonando a piedra antigua
en los portales de la casa donde habitan los besos…

Quizá solo habría que soñar...

martes, 24 de noviembre de 2009

¡Con la Rabia de Vivir!

El Gran Blas Villalpando, Foro sOl y LUna, Querétaro, Noveno 2009

Como si nunca el viento arrancara las hojas,
como si las manos fueran palabras que declaran no la verdad absoluta
(brutalmente inexistente),
sino la verdad de un corazón inmarcesible,
como si las miradas fueran aves que nos tocan la piel suavemente
y no quedara más remedio que sonreír,
como si los sueños no fueran milagros
sino posibilidades,
como si el cuerpo no fuera un simple saco
de huesos y pellejo,
sino la voz más profunda,
el único vehículo del arte,
la tragicomedia que nos mueve,
como si tus pasos fueran el camino a seguir…

Así, Blas,
hermano querido
en tu nombre una oración
que nos une desde los más profundo de este corazón abierto!

Con amor, respeto y admiración

Lucas Matus, Ximena Juliett & Denyitzel Ramos

viernes, 30 de octubre de 2009

Requiem por la Justicia





Carnal@s de la acción (a veces reacción):

Aún con la ventana cerrada,
el llanto de la lluvia tiritando sobre las calles desiertas
tiene un eco que suena a voz silente
en el denso hueco de la mudez colectiva.
Alguien tiembla afuera, anónima.


Van 17 Estados cargándole a las mujeres más que presunto delito, castigo.


Alguien le quitó la venda imparcial a la Justicia,
la mutiló y la dejó inválida
o esta envejeció con añejos paradigmas
de otros cruentos hábitos de ser
y no dejar ser.

O lo más cabrón,
la enloquecieron con remilgos de buena educación
y pusieron la venda absurda sobre su boca,
desnudaron su voz hasta hacerla un hilo,
le arrestaron,
tasajearon su piel y su cabello,
marcaron a hierro candente su frente despejada,
se adueñaron de su vientre,
le ataron de pies y manos,
le ahorcaron el vuelo,
y después,
sola y sometida
la ultrajaron los muy cabrones.

¡Hijos del mal dormir!

¿Cómo podemos quedarnos callados?

Intervengamos los espacios… este link http://www.youtube.com/placacanal#p/a/2/MJBwlL5dA3Q
se llama Levantar la voz…
“Aux Funestes Douleurs” No PoesíaDance Performance
por Lucas Matus & Ximena Bacheblue

jueves, 22 de octubre de 2009

Mi locura

Monstralidad. Miguel Matas, 2007



La locura que yo habito no se encierra en ese cuarto vacío de paredes blanquísimas que todos presumen se encuentra tras los altos muros de piedra en la orilla más lejana de la ciudad.

Mi locura explota en los ojos,
surge magma de los vértices más profundos del corazón,
persigue,
busca,
denuncia,
alcanza.

Mi locura es un torbellino y se enreda en laberintos,
unas veces hormiga, otras escarabajo,
mi locura a veces no entiende un carajo,
de lo que pasa adelante, atrás, arriba o abajo,
pero no importa,
siempre sueña que sueña sin dormir-se.

Mi locura grita, manotea, se agita, mariposa, tsunami, danza.

Mi locura no tiene vergüenza y llora cuando tiene que llorar,
no se lame las heridas ni se lamenta,
no cree en la venganza,
no guarda rencores, olvida, se levanta y canta.

Mi locura es enemiga del canto de la cigarra,
del paso cansino,
del trote que cansa.

¡Quien crea que tengo que acallarla o someterla, se equivoca!

Mi locura casi siempre está de fiesta,
¡Sé que a nadie le importa!…
¡A mí tampoco!

Mi locura no huye ni se anda por las ramas,
no finge demencia,
no da pasos de lado como los cangrejos,
no se escandaliza ni se espanta,
mi locura no dura tres cuartos de hora,
ni tiene fecha de caducidad.

Mi locura se rebela frente a la violencia
y contra los hombres que dicen “no fuimos nosotros, fueron los otros”,
contra el que tira la piedra y esconde la mano,
contra el disparo,
la navaja,
el engaño,
el golpe bajo.

Mi locura llora por las que ya no pueden hablar,
por las muertas de Juárez,
de Montevideo, de Madrid, de Río, de Cuernavaca, de Guanajuato
de ciudad Neza y Aztcapotzalco,
por lo que no hice por ellas, por lo que me duelen las que se fueron
¡Por las que siguen matando!

Mi locura protesta contra los comunistas de papel y los izquierdistas de fantasía,
contra los conservadores doble cara que se desgarran las vestiduras,
contra los legisladores de palabra falsa, vana,
contra los profesionistas de la salud que avasallan so pretexto de la objeción de conciencia,
contra los periodistas que mienten, adulteran la noticia o simplemente callan,
contra los políticos que se venden por treinta monedas y cambian de camiseta,
contra los burócratas enquistados que retardan cualquier procedimiento,
contra los bancos y sus intereses crueles y despiadados,
contra el alza de precios,

los impuestos abusivos,
el hambre,
el capitalismo salvaje
y el socialismo dictatorial y estatizado,
contra el poder purpurado perfectamente catalizado,
contra los que abusan de los niños,
los desalmados,
contra la violación étnica y sexista,
contra la vejación, el secuestro y el sometimiento del estado,
contra la injusticia cabalmente institucionalizada,
contra la burla, la hipocresía y la indiferencia,
contra el que inventa, el que engaña, el que mata.
¡Mi locura protesta!…

Mi locura vive alejada de las mujeres mentira,
de los hombres cansados, tristes, del desaliento,
de las caras mustias,
del silencio,
del amor caducifolio,
de las cartas vendidas,
de los barcos abandonados
y de las criptas absolutamente vacías.

Mi locura es un cordero que se disfraza de lobo para no tener miedo,
Y de Drácula para no morirse de viejo.

Mi locura es el vórtice donde gira un quinto de luna que promete ser amarilla
o roja
o eterna
o redonda
o simplemente suya.