viernes, 29 de abril de 2011

“Hablando de danzas y poesía”





…Nosotros que somos nuestros impulsos,
olvidamos incluso nuestras mejores esperanzas orillados por las convenciones
hasta el último remordimiento...

desenlaces (endings) Elizabeth Jennings





...aggggggg, no es para tanto ché!...





Dir Salomé.

Hace rato buscaba respuesta a una pregunta que rondaba en la duela de un estudio de danza.

La pregunta caminaba o se sentaba caprichosamente al lado nuestro
mirándonos a todos con sus ojos de cadena, sus huesos rotos.

La pregunta es como muchas de su clase,
totalmente ortodoxa, intolerante
e incluso, insufriblemente irrecusable.

Es tan persistente que nos habita,
nos hace creer en el dictamen de la mirada
(des)calificadora de los otros
y así,
tan tranquila nos paraliza,
nos atora la respiración y los sentidos.

Nos enseña la cara del peor de nuestros enemigos,
la de nosotros mismos.

No contenta con ello, nos da argumentos para excusarnos
y entonces con los laberintos del cerebro enredados entre las piernas,
le ponemos un silenciador al diapasón de nuestro corazón…

A mí por supuesto me valió madres y le dije a la pregunta cara a cara,
¡O te callas o te sales de la sala!

¡Senso…!


Biloquio

Martha Pa: - La sola imagen es poesía…

- Querida Martha Pa, la poesía anida en las gargantas, sobrevive a los cristales en los ojos y nunca será propiedad del dueño del lápiz,
sino de quien tiene el corazón en la mano.

sábado, 2 de abril de 2011

Elpis Pilla Niña


Dntzl Butôh 2010



Elpidia niña nació mujer, la cuarta, la indeseada, repudiada desde el vientre de su madre cuando la pikurpiri del lugar predijo por la redondez del vientre y la inmovilidad pendular de la plomada guadalupana de 17 quilates, que el ser que se agitaba dentro, vendría como olla abandonada, rajada por en medio.


Sus cinco primeros años los pasó extraviada entre triques y cachivaches juntando pasos y silencios a fuerza de mendrugos, mientras aprendía el sendero de la casa al pozo, del pozo al lavadero y del lavadero al fogón, curtiendo sus pies descalzos con piquetes y arañazos, y la espalda casi desnuda con el yugo de la aguada.


Durante las noches tiritantes de lastimante frío y escaso cobijo, perseguía insomne noctámbulas hormigas gigantas para enterrarse con ellas en el calor del hormiguero y amanecer sumergida entre los granitos de piedra que rodeaban el agujero.


Cirilo a sus 26 años era un viejo de brazos cansinos y aliento alcoholizado, que buscaba infructuoso el varoncito que le diera respiro y herencia a sus terrones, pero la “y” no salía de sus espermas y por dicha falta, golpeaba a manos llenas a María Sanjuana, que remataba sus dolores en los brazos y la espalda de Elpidia niña.


Llegados los siete años entendió que el frío le era propio, que el hambre la nutría, que el llanto le sobraba, que el silencio le conocía y que el miedo le temblaba en la boca y en las manos.


En el tiempo de las aguas, se asomaba por el ventanuco de su casa y soñaba con ser líquido y escurrirse de las manos asfixiantes de su madre distante de caricias y sobrada de rencores.


Dios te salve María lloriqueaba para sus adentros María Sanjuana mientras sentía en carne ajena los empujones de Cirilo entre las piernas de Elpidia niña que arañaba con sus uñas de luna eclipsada los adobes y aguardaba con un grito en el silencio los espasmos embriagados de su padre, para amanecer sus ojos en el rojo del ocaso y callar, siempre callar sin entender.


Por las mañanas mascullaba temerosa María Sanjuana ¡Por dios Cirilo, pero si es tu propia hija! -dios no da para tragar y ésta sólo es una carga, por lo menos que ésta dé pal servicio del cuerpo- y el silencio se extendía inmundo y opresor sobre los ojos y las bocas de todos los presentes en la única habitación de la casa.


Elpidia niña olvidó en defensa propia los agravios diarios, aborreció el olor del chínguere de caña y se arrancó pedacito a pedazo todos sus adentros para no engendrar más niñas ni lamentos, ella que sabía que los rugidos de las maquinas humeantes enrieladas y los aullidos de coyotes en el cerro no causaban medrosía como su padre, ella que sabía que las arañas, hormigas y alacranes colgados en el techo son menos agresivos que el hombre que la había engendrado, ella que sabía que ni siquiera los rosarios, ni la torre de marfil te defienden del borracho violador, ella que sabía que su madre anestesiada, era otra hija del dolor.



El domingo día justo de sus nueve años, llegó al rancho muy de mañana Doña Cruz, mujer vieja desde siempre, flaca y correosa, mujer de pocas palabras y muchas angustias a solicitar a cambio de unas monedas, una niña que le hiciera el servicio, compañía y los mandados. Era propietaria de la tienda de abarrotes “la esperanza” en el pueblo de Villalta, cabecera municipal y centro comercial de la meseta serrana, donde las rancherías mercaban sus ajuares y despensas y aunque jauja estaba cerca, la felicidad de su casa estaba lejos.


La mueca permanente de su boca revelaba la soledad estacionada en su cara por el tren que se le fue sin detenerse, así que con una mal fingida sonrisa solicitó que le trajeran a las niñas. Revisó equinamente dentaduras, brazos y muslos, midió estaturas y alcances, estrujó y pellizco nalgas y cachetes, observando de reojo los llantos y quejidos de unas y las silenciosas lagrimas negras que corrían por las mejillas cuarteadas por el frío de Elpidia niña, decidiéndose al final por esta última como sobrina putativa, aceptando el convenio de la compra:


-¡Quien soporta las heridas, soporta los guacales!


Recorrieron en silencio el camino de regreso y de llegada al pueblo, mientras los brincos del carro alquilado daban luces de confianza a la niña que soñaba sin ver con sus ojos abiertos una casa sin dolor.


- Mete y acomoda esos guacales y costales en la bodega, fueron las palabras de bienvenida a la casa grande, de abarrotes y botica.


A partir de ese día descansó Doña Cruz su peso y sus trabajos en la espalda lastimada de Elpidia niña.


Cada semana, Juancho bajaba ennegrecido del cerro con sus cargas de carbón y leña, amarraba las bestias en el aro incrustado en una columna de los portales y caminaba hasta una de las puertas de la tienda buscando las sonrisas medianas de Elpidia que retorciendo sus trenzas sonrojaba sus abrazos más deseados, mientras Doña Cruz incapaz del amor, después de diario gastar sus pasos tras el mostrador, cerraba con diez aldabas las salidas solitarias de la joven que vio pasar de lejos el tiempo y los burros cargados de Juancho, hasta que los años les fueron más que impedimento, consuelo.


Cuarenta años a la sombra obstinada de la tía, la dejaron sin dientes, enmielada la sangre y la orina, entrenada la mano para acumular monedas y valores y una soledad inmensa que no le cabía en todas las aurículas y ventrículos de la casa grande, ahora propia.


Una noche iluminada de luna en el fondo de su cama corcovada pensó que nada la detenía entre esas 25 paredes, así que esperanzada nuevamente hizo por primera vez planes propios y al clarear el primer amanecer y debajo del vestido oscuro que hacía juego con su bozo y su sonrisa mediana de dientes ausentes, Elpidia salió de su casa dejando la tristeza anclada en el fondo de su pozo, camino en sentido contrario al ocaso, hasta llegar a la ciudad desconocida, abrió el portal donde se encontraba su libertad, cambió sus ropas, sacudió sus rodillas, sanó sus heridas, borró sus cicatrices y se rió a carcajadas.


La última vez que la vi, Elpis pilla niña sonreía completa, verde vestida, caminaba sin prisa y de sus manos morenas caían pedazos de luna que yo recogía sin que ella se diera cuenta.




Mechuacan México, 2005

sábado, 5 de febrero de 2011

Fu-Man-Chú

..de la colección de dreamers.com/los pulps 2011…
Por cierto, Woody Allen filmó en el 2001 "The curse of the jade scorpion"...

Los sueños están publicados en el Almagesto
...Bien sé que soy mortal, una criatura de un día.
Pero si mi mente observa los serpenteantes caminos de las estrellas,
entonces mis pies ya no pisan la tierra...

Tras las marquesinas del Hotel Regis,
Fumanchú en el escenario nos manda a la ensoñación sin tiempo…

Sur, tango



Los años, pueden ser hojas en el calendario,
piedras pa tropezar y volverse a levantar,
un par de valijas en la sala de espera que se quedó cansada de aguardar bajo los huesos adoloridos de los hombres que van de paso,
los exfoliados;
y pasar junto con ellos,
uno tras de otro,
uno tras de otro,
uno tras de otro…

El tiempo, pueden ser tres quijotes y un Fu Manchú,
también un lápiz,
tal vez un sombrero madrugador y un portafolio cada día más choncho de tanto acumular las hojas,
el contenido de las hojas,
los sueños atrapados en las hojas,
el camino incierto de las palabras dentro de las hojas…

Y guardar al paso de ambos,
un montón de memorias sólidas como el olvido,
intransigentes como la necesidad de no perdernos
y perdonarnos,
entonces inventamos los calendarios,
las fechas festivas, los atardeceres, los días de guardar;
hacemos del sueño el último recurso.

Sueños en vertical y sueños en picada,
casi maldiciones…

Los sueños en los ojos y los ojos en las manos,
las imágenes,
los pensamientos atornillados en las sienes,
vuelta tras vuelta,
machueleando las paredes,
arrastrando a las manos al baile,
al camino del río y la serpiente,
del ojo de venado y las mandarinas de Veracruz;
al sureste de los nombres ciegos grabados en las piedras de cada casa,
de cualquier esquina,
del verbo detenido en cinceladas,
en frases,
líneas y trazos…
nombrar y olvidar,
olvidar y recordar…

Y sin ataduras ni mortajas ser la tinta derramada,
los brazos insurgentes de Kali,
la voz siniestra que habla tras las rejas de la oreja,
creer estar dormido mientras se está despierto,
ser la memoria histórica en las costras de los paredones en la 4ª calle de Mesones,
tener membrecía irrevocable en la taquilla de salida,
aterrizar a las 24:93 sobre las calles de la ciudad justo en la espalda de María,
después,
hablar de las noticias de la jornada,
evadir de mutuo acuerdo el futuro imperfecto,
remontar los pasos, desaparecer los almanaques,
arremolinar sobre la cama gladiolas y besos de despedida,
cada quien por su camino,
sur, paredón y después, una luz de almacén, ya nunca me verás cómo me vieras
porque cualquier cosa siempre es buena, antes del amanecer y después del medio día…
andar y desandar,
armar,
amar y desarmar las valijas,
acomodar y abandonar las repisas y las camas,
templar las velas,
sin detenerse,
sin pausa para respirar,
sin pausa para respirar,
sin pausa para respirar…

..
.

sábado, 29 de enero de 2011

Sobre la antología de poesía "Allí Donde suenan las trompetas"


Paco Pacheco, Andrés Cisneros... y Lucas Matus haciéndolo al cuento

Texto pa la presenta del libro “Allí donde suenan las trompetas”
Antología realizada por Sergio García Díaz y otros nueve autores.


Hablar sobre un libro siempre implica una mínima responsabilidad, leerlo…
Escribir sobre lo escrito es aún más complicado.

Lo hago con la vergüenza del hombre sin camisa, del caminante devorador de titulares de las malas noticias nuestras de cada día, del despistado que espera reconvertir las hojas de papel periódico impresas con sangre por la hipocresía social y la brutalidad de nuestros días, en objetos que no nos ofendan tanto la vista: un sombrero, un libro o un barquito de papel; pero lo hago también, con la impudicia de las puertas de cantina, batiendo los rescoldos del café a la media noche con el afán del lector obsesivo, del comeletras…

El tiempo transcurre entre la estación del metro Pantitlán y avenida Sor Juana,
- Antes de la esquina por favor…
La micro se detiene fugaz en las esquinas,
da el laminazo,
se escurre una vez más,
son circuitos de ida y vuelta,
el chófer y la qué buena.
Dormitar,
ver a los de enfrente,
inevitable,
tus historias y tus espejos,
tú repetido...

Cayendo la noche en Nezayork, las ninfas cobran vida en las esquinas, las calles se convierten en cantinas, el chemo rifa,
las sombras pueden ser peligrosas,
sin embargo, no puedes mirarlas de lejos, caminan contigo.

Así, en las hojas de este libro hay un olor a desesperanza, a pasos con destino avasallado muy cercanos a hundirse en el fango de la nostalgia, no es el estómago el que sangra, es el corazón convertido en tinta y en carbón, en línea discontinua, emociones prolongadas en poesía.
En sus líneas, hay una sensación de calles creciendo ineludibles, reptantes, devastadoras, de sangre que se desata, de recuerdos arrancados a pedazos.
No sé,
leyendo este libro habría que preguntarse cuanto la geografía Neziana (palabra cuya raíz puede ser Neza, pero también puede ser necedad) se impone al apelativo del Bukowsky (porque en este país hay que ser muy necio pa Escribir y sobrevivir de lo escribido), cuantos se desgarran a sí mismos pa rescatarse y volverse a lanzar al propio infierno, al abismo, a la palabra, al veneno diluido, cianuro de escribir, azul casi morado, a las correcciones sugerencias del tutor.
¡A las ganas escribirlo así,
porqué así les dió la gana!

Perderse en la lectura, es un acto mágico, es la suplantación del tiempo y el espacio, es, hasta un acto vouyerista; en el caso del libro, es un asomarse impune a las emociones de los otros, los poetas

La noche transcurre oscura, luna creciente, camino de retorno a casa, otra vez… again, again, again…

Te bajas Allí donde suenan las trompetas, y enseguidita, enseguidita, te encuentras al Sergio GarcíaDíaz, que se da el timing del gourmet pa servirte un bufet de poemas largos, atreviendo el nombre, el propio y el de los demás, los cómplices, autores intelectuales, nueve navegantes que hacen escala en la casa del poeta las dos Fridas, lugar de reconocida filiación Bukowskyana, afincada entre la biblioteca y el taller, nomás faltaba que también la calle se llamara así.

Ninguno acaba de llegar (a la poesía). Y Sergio así lo reconoce, por ello, se atrevió a naufragar de esa forma, nos dice en la introducción. Se armaron de valor y de palabras los bardos navegantes, soñadores, y se aventuraron en las tinieblas con el bolígrafo desenvainado, por la necesidad primitiva de narrar y cantar, de exponerse a voz desnuda.

Haciéndola de abogado del diablo, usa el pretexto del poema largo pa darle voz a los poetas de MiNezota y nos quiere entretener con dialécticas de tres cuadras adelante pa hacernos más deseable la lectura, Sergio, cocinero de palabras.

Hay un reto en el poema largo: mantener el equilibrio, nos dice insistente, antes de dejarnos leer a los poetas.
¡No estamos hablando de una colección de fragmentos! Afirma tajante.
¿No estamos hablando de una colección de fragmentos?
Sí todos somos espejos de otros, fragmentos de historias transeúntes, encuentros y desencuentros, ansias, llegadas absolutas y huidas, la tinta derramada, el registro de la épica, ojos de los ojos, carne de mi carne siempre lejos, dice Héctor Marat en la apertura de los textos, Héctor, que en el apellido lleva la penitencia y muere irremediable a manos de un clavo que sin mediar guillotina es la carne preferida del caníbal llámese Diana o Beatriz o Lucía o perengana, olvidar para escribir.

Daniel García se desborda, hay que subirse al arca de Noé, soltarse la boca en el Día cinco de la loba en el paraíso; Daniel se oxidará al final atravesando con una daga los ojos del insomnio, sus propios ojos de despedida.

Recuerdos herrados a golpes de mazo, a cincel de olvidos, nostalgia de tres cuartos, casi una canción campesina, paso a pasito que no es cuestión de velocidad, sino de resistencia… porque el agua siempre vuelve a madre, terruño y río de nostalgia, Javier Serrato Vargas, nos conduce por el camino diluido del pasado, atropologándose a sí mismo en afanes sediciosos tal vez o en afanes que le arrastran la memoria, quién sabe...solo él y la abuela Catalina.

El frio se estaciona en la ventana, la calle está ahora silenciosa, estamos de regreso, detengo la narrativa y la tomo con mi voz, a Verónica, nos convertimos en eco, otra vez el espejo… Mudo el relámpago parió la desesperanza y fuimos inocentes como caimanes evadiendo el genocidio, estúpidamente lentos nos sentimos de brazos caídos y ya no luchamos… se nos vuelven las manos ríos, nos angostan la garganta, trémula la lengua se desborda, féminamente la palabra se declara como el silencio del relámpago.

Felocráticamente reivindica al pavorreal, decimonónicamente se arranca el plumaje para tejer alfombras como persa y dormir el sueño de los justos en un harem que huele a niña. Alberto Vargas Iturbe llega y se va, sin necesidad de drogas ni cerveza. Se va…

Filadelfo se trasmuta en Caronte, navega por las aguas de la evocación, construye réquiems y mausoleos. Reclama los derechos de abordaje sobre las islas del inframundo y se instala en la geografía de Betty Zohar, recurre al silencio personal, al estilete de la palabra para nombrarla, al último escalón de la memoria, pronunciar su nombre, pronunciar su nombre, pronunciar su nombre, para no olvidarla.

Desde la tierra primigenia, identidad y destierro Jessica Adriana Gómez, escarba en todas las que son, en todas las que la habitan, piensa en la que deja jacarandas arremolinadas sobre su cama, la que teje hormigas, la que se desnuda de palabras, la que camina y se desanda, la de las batallas silenciosas, la que es origen y matriz, mujer y acertijo, maga etérea.

Desde el pretil del cuervo, asomado a la propia putrefacción de los sueños, Ezra Ailec observa y escupe, observa y escupe, grita, se asoma entre las cicatrices, se diluye en la agonía, y después abre los ojos…

Roberto Romero Aguilar declara sin más, que somos lo mismo, un puño de huesos, una calle, un retrato.
Somos historia de los nadie en calles envueltas en delirios, en muecas, en la jeta hecha girones.
Luna de sangre devórame como hiena entre cadáveres…
Moja la mona, no la hagas de pedo… no me estén chingando
.

Sergio GarcíaDíaz emerge y se pregunta, patea una lata calcificada y se detiene, siembra una incertidumbre en el sentido de lo humano, discreto, mesurado nos muestra sus manos de hortelano de palabras, camina por la cuerda floja vista desde las alturas del equilibrista y allá va en busca del otro andamio, sabe de las infamias de los zapatos, percibe los conflictos del clavo entre oprimir y ser golpeado, de la lengua en la garganta, de pájaros invisibles, de bolillos y maletas
Y bueno que he de decirle al maestro Checo, sino que a mí también
me gusta mirar las nalgas de mi vecina

Amar en tercera persona del pluripersonal imperfecto, cada quien que se ponga las zapatillas que mejor le acomoden.
Desamamos a escondidas, esperando ingenuamente que un día él o ella nos lea, decirle en su cara lo lejana que era, lo torpe de su despedida.
Vomitamos las palabras que nos sobran, los sueños que nos indigestan la madrugada, la ausencia, la melancolía,

Y allá vamos andando
por allí
donde suenan las trompetas



Enero 28, 2011
Letrán Valle, DF

lunes, 24 de enero de 2011

De buitres y carroñas


1933-1934, murales en el mercado Abelardo L. Rodríguez
en República de Venezuela, centro histórico, DF
.
…Inocentes como caimanes evadiendo el genocidio,
estúpidamente lentos…

Verónica Núñez Abad





Vomitemos las palabras que nos sobran,
arranquemos las costras inmundas de la indolencia,
defequemos en los sueños mal paridos,
caigamos junto con los buitres sobre los restos blandengues de la sociedad…

Et là-haut, les vautours sont en attente...
En lo alto, están los buitres a la espera


Animal entre los animales,
irracional con conocimiento de causa…

unos y otros nos encontramos apestados
cómplices complacientes hasta la primer ventaja,
después ca´quien por su camino,
a rascarse con las propias uñas,
a morirse de miedo a otro lado.

Escribamos más mentiras insignes para ensalzar las verdades más absurdas,
pongámosle el cepo al chivo expiatorio,
dictemos sentencias de justicia paradójicamente demoledoras e incuestionables,
exoneremos al de las presuntas manos limpias,
al de la corbata de seda y el traje impecable,
porque la verdad nos hará libres;


Refocilémonos en la molicie,
mastiquemos los códigos del horror,
del sacrificio, de la tortura, de la sangre derramada;
porqué lo sabemos bien,
nada humano nos es ajeno.

Instaurada la dictadura del odio,
hagamos oídos sordos,
volteemos la mirada hacia ningún lado,
inventemos eufemismos, palabras cripticas y tecnicismos, pretextos.
Démosle una vuelta más a la tuerca del egoísmo,
cerremos los ojos,
escudemos la cobardía en los mecanismos de defensa que nos venden a la vuelta de la esquina.

Embriaguemos la conciencia,
hagamos el funeral de la constancia
descansemos mórbidamente… que nada, nada tiene importancia…

Henchidos, abotagados, insomnes, parasitados, nerviosos, dopados, pestilentes, recurrentes, dóciles, alarmados, somnolientos, dementes, viejos, cansados, aculturados, inciertos, mustios, pérfidos, indinos, falaces, frágiles, bestiales, inmisericordes, sordos, burdos, indiferentes, cobardes…
¡Hasta la puta madre!

Solacémonos en la espera sentados y gritemos a los cuatro vientos,
impunes, ingenuos, confitados:
¡A mí que no me culpen, que de nada soy culpable!

Hagamos de tripas corazón y a darle vuelo a la hilacha,
que pa morir hemos nacido…

Y una vez moridos,

Llegarán los carroñeros atraídos por la diáspora del espíritu bautizado con ferormonas,
nuestro último aliento de identidad.
El olor de la despedida,
carne eres y en caca te convertirás.

Los cuervos arrancarán con la delicadeza del cirujano,
el brillo de la avaricia, la lascivia,
la cobardía de las cuencas ciegas de la humanidad…
porfiada, gozosamente.

Los buitres se tragarán los apéndices más notorios,
las tripas más podridas,
despacio, sin prisa;
lo sabemos,
la putrefacción es el valor del añejamiento de la vianda,
lo que enrarece el gusto por los sabores más primitivos,
¡Que no es tragar por tragar!
Sino darle libertad
a la quintaesencia de la vida, la Muerte.

Derrumbarán a picotazos la sordera de nuestras paredes,
nos someterán al escrutinio de la disección y el escalpelo,
expuestos los cuerpos a la desnudez más absoluta,
a la inmovilidad feroz de una esquela en la página de sociales,
al anonimato de una estadística,
a las manos con las palmas descubiertas.

Lacerarán sin miedo,
uno a uno los músculos y tendones;
lujuriosos de adrenalina,
devastarán las partes blandas,
saciarán sus oficios
y regurgitarán sin mayor oficiosidad ni reclamo
el alimento para sus crías,
del hombre al hambre,
de la muerte a la vida.

Evocarán la voz del tiempo con sus chillidos,
sus cacareos.
Serán nuestra voz cuando las caretas se derrumben,
Cuando los labios no sean sino el rictus de la ausencia
y en la garganta ya no quepan más recuerdos malheridos,
cuando todos se hayan ido,
cuando no haya más necesidad de compañeros ni testigos,
cuando valgan madre los pretextos
y no nos quede más camino.

Vivir buitre.

viernes, 21 de enero de 2011

Noticias que nadie ve...


Sobre la criminalización del aborto espontáneo por parte de la neo+santa inquisición:
Baja California, Enero 20, 2011. Mujer de 21 años sentenciada a 23 años de cárcel, mientras sicarios sangrientos, políticos corruptos, criminales de cuello blanco y pederastas de sotana deambulan libre e impunemente…


Leemos las noticias y
lloramos desconsolados sobre las ruinas de la humanidad,
desgajados los hombros,
amordazadas las manos,
cubiertas las heridas con esparadrapos y evasivas,
entumida la lengua,
cristalizada la garganta,
extraviada la fe en los albañales,
angustiados los pies de tanta huída,
doliente la mirada,
escabullendo los remordimientos,
cerrados los ojos para no sentir,
víctimas cíclicas de la propia inercia y la inacción
miramos de lejos y abrigados en la comodidad del couch de la sala
el juicio sumario y el castigo inmisericorde sobre el cuerpo de las otras…

y seguimos callados…

Enero 20, 2011
Pueblo de Tlalpan

miércoles, 19 de enero de 2011

bits

ahora vives pegado a la maquina?

tienes líneas de chip en los dedos?

insertas tu índice en un puerto usb?

cuando te duermas sueñas bites?

cuando roncas usas el ecualizador integrado?

al despertar abres una ventana de diálogo?

Welcome...